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Francisca de Diego, por mi misma

Un recuerdo muy grato que tengo de mi infancia es el de la casa de mis tías. Ellas eran modistas y vivían rodeadas de telas, de hilos y de revistas con ilustraciones de moda, todas llenas de color y buen gusto que me hacían disfrutar muchísimo el hojearlas. También me gustaban las cuentas que tenían con las láminas a colores; las que tenían los dibujos en blanco y negro no me gustaban para nada.

Nunca pensé que el arte fuera un opción para mi, la vida me fue llevando hacia él, no creía que nadie pudiese vivir de él; ahora, en la práctica, lo he confirmado, pero de todos modos le sigo haciendo la lucha.

Tuve una educación muy disciplinada en la que debía acabar siempre lo que empezaba. Estudié decoración en el Motolinia, y la perspectiva y el color me apasionaban. En la vida me tropecé con Nieves Moreno que me invitó a tomar clases de pintura; como todo en mi vida lo tomé muy en serio y me di cuenta que era un camino que podía seguir conjuntamente con mi estilo de vida, ya que no me acababa de llenar exclusivamente el papel de esposa y madre de familia; el arte se abría ante mi como un camino viable.

Empecé poco a poco, me fui metiendo en ello, no fue de un día para otro sino que fue un proceso de 5 o 6 años. Después me di cuenta que es el tiempo que se necesita para hacer una carrera universitaria, vi que la podía hacer ahí y ¡bendito sea Dios!

Mi camino estético ha sido muy cambiante, mi primera exposición fue exclusivamente de caras, después fui entrando al mundo de los niños, seguí trabajando el tema y poco a poco fui exagerando su volumen porque me desagradaba mucho que dijeran, ¡mira que mono!

Yo buscaba la complacencia en figuras muy pesadas, que no podía levantar del piso, que deseaba hacerlo pero me era imposible. Los quería menos formales y no pude lograrlo hasta que llegó una gran ruptura en mi forma de vida, pasé por una época negra, muy difícil, estaba muy insatisfecha, vi que la vida iba muy en serio, y lo peor es que estaba envejeciendo. En esa época pinté sin color, colores muy oscuros con toques de rojos, niños del siglo XIX, con telarañas, niños tristes, esto fue en 1980. Superé esa etapa, y también la de los gordos de “aquí no pasa nada”, pero que en e fondo no eran felices.

Vino la fractura de mi vida familiar y curiosamente se reflejó en mi pintura, mi color mejoró y los gordos antes pegados al piso se echaron a volar en libertad, y hasta este día es lo que estoy manejando, cuadros con mucho movimiento y mucho color, en mis materiales favoritos; acrílico y acuarela.

Concibo el arte como un buen compañero de viaje, siempre ha estado ahí, me ha ayudado y ha enriquecido mi vida y, espero que no se me vaya, que se quede conmigo hasta el final. Nunca he controlado el arte, de la pintura siempre siento que está un paso delante de mí, y es maravilloso porque en cada cuadro hago un esfuerzo constante para ver si logro acoplarme, pero él no se deja y siempre sigo intentando.

Tamayo es mi pintor favorito, me encanta por su colorido que conduce al abstracto, pero siempre tiende un puente entre el espectador y el cuadro, además admiro a los expresionistas alemanes por su agresividad, pintan sin conmiseración, sacan todo lo que tienen que sacar de su interior y lo pintan con enorme fuerza, me encantaría poder hacerlo, pero no se me da, nunca se me permitió expresar mis sentimientos, y hasta la fecha obedezco fácilmente ¡hasta me horrorizo! Y aunque me he liberado mucho, siempre hay algo que me está deteniendo en el fondo.

No he tenido premios importantes, no me gustan los concursos, a lo mejor me da miedo entrar y no ganarme nada. Quizá mi mejor momento es este en el que vivo, aquí y ahora. No soy representante de mi tiempo, me represento a mí misma, tengo influencia de la pintura actual, la proceso y lo expreso en mi propio lenguaje.

En el futuro me veo trabajando, nunca lo voy a dejar mientras pueda hacerlo y seguir insistiendo en ello, ojalá y pueda sacar mis épocas tristes o felices y tener la capacidad de poder expresarlo pues realmente me considero una expresionista frustrada.

La pintura siempre es un lenguaje, si pintas macetitas, es porque no tienes nada que decir. Para mi la amistad va a la par de la familia y siempre he sido afortunada, siempre he estado rodeada de buenas amigas, no solo solidarias o cariñosas, sino amigas que me han aportado mucho para mejorar como artista y como persona, me han enriquecido, me siento muy honrada y feliz de tenerlas.

Mi deseo actual es seguir haciendo una obra profesional y representativa para darle trascendencia a mi vida como persona y como artista.

 

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